Punto final

Si había algo que le molestaba profundamente era que la corrigieran.
Por eso se arrepentía cada día de haber entrado a este taller de escritura:
  •                        Te faltó una tilde.
  •                                     Esa palabra lleva h.
  •                                              Sería mejor si cambias el orden de las palabras…

¿Quiénes eran ellos para decirle cómo hacerlo?
                     ¿Acaso, había alguien que tuviera la verdad sobre la escritura?

Ella creía que no, por eso, esa tarde llegó con un Smith & Wesson, y creyendo los argumentos del vengador de Antón Chejov, acabó con todas las críticas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Manual tácito para superar una tusa

No empezar también es decidir.

¿Está bien descualquierarse?