500 noches y un festivo que no te voy a dar
Amaneció en Bogotá con una insolación herética. Un Domingo Santo de cielos limpios y una luz tan cruda que parecía anunciar una liberación o un juicio final. Era un sol que no pertenecía a esta fría ciudad, un sol que iluminaba el polvo sobre la mesita de noche donde el teléfono vibró, rompiendo la tregua. Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks. Diecinueve días de un guion mal ensayado. Él llegó prometiendo veranos, futuros empalagosos de mierda, con esa épica de sueños inalcanzables que solo habitan en la cabeza de un niño jugando a ser grande. Me ofreció un cuento de hadas de pacotilla y pretendió encontrarse con una mujer ingenua, como si yo fuera una adolescente que todavía espera al amor de su vida. Yo ya tuve ese y no me gustó; buscar esa ingenuidad a los cuarenta es buscar una historia triste. Menos mal una ya sabe que los astros no se regalan y nadie te los baja. El astro soy yo. "Quiero ser honesto", escribió. Y ahí, pareció que ...