Es muss sein (o la ilusión de ser el único)
Ahora que soy Sabina, disfruto verme frente al espejo bastándome con un sombrero para sentirme vestida. Fui Teresa durante mucho tiempo, pero la niña que no quiere soltar la muñeca de quien le cuida la fiebre carga demasiado peso. Hay una densidad insoportable en vivir como Karenin, mirando con esos ojos de «te necesito». El peso de enamorarse solo porque se comparte un libro y creer que la frase «Es muss sein!» es un destino. Una vida pesada e insoportable. El día que me di cuenta de esto, Juan estaba sentado en el borde de la cama, poniéndose los pantalones con la calma del hombre convencido de haber cumplido su cuota de pasión esporádica. Olía a cerveza barata, a cigarrillo y a esa urgencia anestesiada que nos une por lo menos una vez al mes. Me miró a través del espejo, acomodando el sombrero negro sobre mi pelo crespo y revuelto, y soltó una sonrisa de medio lado: la sonrisa del cazador que cree haber atrapado una presa, sin saber que la presa simplemente se posó a sus pies; la...