Sin permiso de la naturaleza
Hace 19 años fui mamá por primera vez y hace 14 por segunda. Y sí, cada año esta entrada comienza así, porque escribir hoy tiene más que ver con el día en que yo parí que con el día en que ellos nacieron. Yo; yo, que sufrí cada contracción y cada cortada para ser mamá. Cada aguja, cada miedo y cada estría que me marcó para siempre. Por eso, agradezco infinitamente al universo haber sido mamá a pesar de que no hubiera condiciones naturales para serlo. Nací con una enfermedad y no sabía que no podía; tuve hijos sin permiso de la naturaleza y gracias a la ciencia, que me lo permitió. En el siglo XIX, me hubiera muerto antes de parir al primero. Cuando tuve a mi segundo hijo me informaron que yo no podía tener bebés. Menos mal fue un poco tarde, porque yo ya tenía dos y ni un poquito de ganas de tener uno más. Tenía todo lo que quería: una familia de cuatro para ser feliz, con un perro, dos gatos y 27 peces. Con el paso de los años, nos volvimos una familia de cinco: mis dos niños,...