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Marcas en la piel.

 La rayita encima de la nariz con la que mi primer amor, a los 15 años, inauguró el trauma de saberme absolutamente observada —y no, no fue un cumplido—. Un día me dijo: usted es muy fea «Tiene una rayita ahí, encima de la nariz». Pasé horas frente al espejo descifrando la sombra, hasta que ya de grande entendí que esa raya ni existía: eran solo mis mejillas bajo la luz del sol. A los 17 años vino el aire que se me cuela entre los dientes "me encanta el huequito entre tus dientes" Este sí, un  «cumplido» que para él era hermoso, pero que a mí se me volvió una inseguridad latente. Luego, la muela del fondo. Esa que solo asoma cuando la risa se me sale absolutamente natural —ruidosa, destemplada, exactamente igual a como sigue siendo ahora— y que para algunos fue demasiado. El pelo ruidoso, grande, que ocupaba mucho espacio que jamás aprendió a estar quieto y que aplaqué sin perdón desde los 9 hasta los 37. (Ayyy Perdón, pelo).   Hoy al fin acepté la verdad: tengo el cabell...

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