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El colmo de tu arrogancia.

Bogotá gris Amanece en Bogotá. El cielo tiene ese color gris rata que advierte que hoy la ciudad no va a perdonar nada. Me levanto y la primera certeza, antes que el frío de la habitación, eres tú. Te levantas conmigo o mejor: instalado en mí como un inquilino que cobra arriendo por vivir allí.  Estiro la mano buscando el celular, un reflejo condicionado a la espera de esa vibración, pero la pantalla es un espejo negro que no devuelve nada. Me acuesto pensando en ti y amanezco en el mismo punto; una maratón mental que nunca quise correr, con una meta que se ha disuelto. Paso a la cocina. Me sirvo la primera taza de café de la mañana: negra, amarga, muy caliente como me gustan a mí. El pensamiento es automático: A Juan este café no le gustaría tanto. Me jode tanto que me sigas llevando la contraria con ese silencio que se ha vuelto un argumento imbatible. Es el colmo de tu arrogancia: ganar discusiones en el silencio más absoluto. Me ducho rápido. El agua caliente no me quita e...

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