Les cuento un secreto, que cada vez se grita más.
Tenemos un imaginario extraño sobre crecer. Creemos que todo será más fácil cuando seamos adultos. De bebés lloramos y nos cargan. De niños hacemos pataleta diciendo que queremos crecer. En la pubertad no nos entendemos ni a nosotros mismos, pero juramos que cuando llegue la vida adulta todo encajará. Como si existiera una estación final: la Madurez, donde por fin lo entendemos todo. Pero no, ¡amigos! Eso no pasa. No hay tal vida adulta donde mágicamente sabes lo que sientes, lo que quieres y lo que puedes sostener. Sigues caminando. Sigues intentando comprender: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Y andar no es posar de valiente. Andar es hacerse cargo de las piedras. Algunos fungen de valientes. Hablan con seguridad. Dicen que están listos. Que ahora sí. Que ya hicieron el trabajo. Pero... cuando el plato está servido… se asustan. El viejo refrán lo explica mejor que cualquier teoría: es más grande el ojo que el buche. En estos tiempos parece traducirse así: Es más g...