La levedad de Quizás.
Quizás Llegó el viernes y, con él, la manía de hacernos las preguntas que realmente importan porque no tienen respuesta. ¿Por qué te gustó? ¿Por qué me amas? Son disparos al aire. Si te sientas a responderlas con lógica, las matas. He aprendido que el destino no se escribe con afirmaciones, sino con ese vacío gris que queda después de un "no lo sé", de un "simplemente lo siento" o de un orgasmo. La pregunta parece una frase sin más, pero fíjate bien: tiene un peso que te hunde los hombros, te da dolor en la espalda, si no sabes llevarla. Me impresiona esa vocación humana por la vida pesada. Esa obsesión por arrastrar cadenas, por buscar absolutos donde los que tratamos de responder somos únicos y estamos llenos de dudas. Caminamos como si necesitáramos dejar la huella en el cemento duro. Llegamos a la calle fresca, blandita, pero solo esperamos que se endurezca: ese necio afán de la inmortalidad. La vida, me pregunta con Drexler, Sabina y Milan Kundera de fondo ...