Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2025

Querer, queriendo nos.

Ave María… a veces me sorprendo diciendo eso sin saber si es por susto, por emoción o porque la vida tiene la mala costumbre de ponerme nerviosa justo cuando las cosas empiezan a salir bien. Hay gente que reza; yo solo digo “Ave María” y me río, porque reír también es una forma de espantar el miedo. El caso es que últimamente me he pillado deseando cosas que había olvidado. Cosas sencillas, casi infantiles: que me quieran así, sin explicaciones, sin formularios, sin disfrazarme de nada. Que me quieran con mi arruga en el ojo izquierdo, con mi ansiedad por las mañanas, con mi risa demasiado fuerte para oficinas silenciosas. Que me quieran sin tener que empujar, sin mendigar, sin convencer. Así, tal cual. Y ya. Y mira tú… aparece alguien que cuando viene cambia el aire. No lo hace rápido, no irrumpe como vendaval. No. Entra como una brisa tímida que se va quedando, se acomoda, pregunta si puede pasar, y cuando una siente, ya está ahí sentado, cruzado de piernas, siguiéndome la corriente ...

Lo que va pasando, y pasa.

Hay amores que una ruega, que una sostiene con las uñas, que una intenta salvar a punta de fe. Yo tuve uno así: de esos en los que una se queda despierta a las tres de la mañana diciendo “yo oro por ti”, aunque por dentro sepa que la plegaria no va a cambiar a nadie. Pero una se empeña. Una cree. Una insiste. Hasta que el alma, cansada, empieza a romperse por dentro. Después vino el golpe. Ese que te deja mirando al techo, sin música, sin palabras, sin disculpas. Ese momento en el que el mundo se encoge hasta convertirse en una sola frase: aprendí. Aprendí que el amor no siempre es compañía. Que hay gente que te quiere menos de lo que tú sabes querer. Y que no por eso se vuelven malos… solo se vuelven insuficientes. En esa época todo se sentía lejos. Él, la vida, los planes, incluso yo. Era como caminar dentro de una canción triste, esa en la que una repite “todo irá bien” solo para no caerse. Me lo dije mil veces. Me lo creí una sola. Pero bastó. La primera vez que una se cree su prop...

Te odio

Te odio, y eso ya es bastante, porque durante años lloré más de lo que cualquier cuerpo debería permitirse. Lloraba en silencio, lloraba despacio, lloraba sin entender por qué. Pensaba que era yo, que tenía algo roto, que estaba hecha de una fragilidad que no sabía controlar. Hasta que un día me di cuenta de que no era yo: era lo que me hacías sentir tú. Te odio porque fuiste el origen de ese llanto que me acompañaba como una sombra húmeda. Ese llanto que parecía amor, pero era tristeza. Ese llanto que yo justificaba como sensibilidad, pero era reacción. Ese llanto que pensé que era mi naturaleza… hasta que empezaste a irte, y las lágrimas empezaron a irse contigo. Te odio porque despertaste en mí emociones que nunca quise conocer: la rabia que arde sin decir una palabra, la bronca que se queda pegada al pecho, el temblor en las manos cuando una se siente traicionada. No sabía que podía odiar. Me enseñaste eso también. Pero mientras tú te desdibujabas, mientras tu presencia se volvía u...