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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Lo que dejan los que no se quedan.

Me gusta pensar que las personas no llegan a la vida porque sí. No creo en los encuentros gratuitos ni en las coincidencias vacías. Cada quien que aparece trae algo entre las manos, aunque no siempre sepamos qué es en el momento exacto en que entra. Algunas personas llegan a enseñarnos cosas incómodas: cómo reaccionamos cuando nos frustran, hasta dónde somos capaces de ceder, dónde se nos rompen los principios y en qué esquina se nos pierden las coherencias. Otras llegan a confirmarnos límites que creíamos flexibles y que resultaron ser frontera. Hay quienes nos muestran para qué sí estamos listos y para qué, honestamente, todavía no. Durante mucho tiempo pensé que la huella que dejaban los demás era solo estrago. El roto. La herida. El dolor que tarda en cerrar. Pero con los años —y con algo de silencio bien aprovechado— entendí que no todas las marcas son incendio. Algunas son limpieza. Hay personas que llegan a barrer. Otras a sacudir el polvo que una ya había normalizado. Algunas a...

Sueño premonitorio

Todo deseo comienza con una interrupción. No con una certeza, ni con un impulso limpio, sino con una grieta pequeña en la continuidad de lo que creemos estable. A mí se me abrió una noche, en medio de una biblioteca. Caminaba entre estantes interminables, de esos que no ordenan el mundo sino que lo desbordan. Los libros se acumulaban como promesas que nadie ha cumplido todavía. Pasaba los dedos por los lomos sin leer títulos, porque hay momentos en los que una no busca historias, sino señales. Y entonces apareció el hueco. Un espacio donde no debía haber nada. Entre dos libros perfectamente alineados, él. Estaba sentado al otro lado de una mesa larga, excesiva, como si alguien hubiera diseñado la escena para impedir cualquier acercamiento fácil. No lo reconocí de inmediato, aunque algo en su presencia me resultó inquietantemente familiar. No supe decir si lo había visto antes o si mi cuerpo estaba recordando algo que mi memoria todavía no alcanzaba. Me acerqué. No habló. Yo tampoco. Pe...

Elegir el paso

Amor, permíteme caminar contigo. No para llegar. No para salvarnos. Solo para avanzar con los pies conscientes sobre este suelo que no promete nada. Dame la mano. Mírame de frente. No sabemos qué vendrá ni qué tan cruel puede ser el mañana, pero todavía podemos hacer algo sencillo y radical: escogernos. Escogernos sin épica. Sin garantías. Mientras me miras y te sostengo la mirada. Mientras me piensas con esa atención breve que no pretende poseerme. Mientras me besas Despacio, sin prisa.  En la calma del beso con los ojos cerrados.  Mientras me abrazas en las mañanas, cuando el cuerpo aún no decide si quedarse. Mientras toco tus uñas en las tardes, como si fueran una prueba mínima de que el día tuvo sentido. Mientras tomo tu muñeca en las noches, Para comprobar que respiras en el mismo tiempo que yo. Elegir caminar a mi lado no es prometer eternidad. Eso sería una mentira. La gran mentira.  Pero sí es —y aquí no exagero— una promesa de posibilidad. La posibilidad de un fu...

No empezar también es decidir.

                                                      Ángel para un final Fue un adiós. Uno silencioso y en calma. Un adiós con añoranzas.  No hubo pelea, ni siquiera la primera. No hubo gritos, solo ese desencuentro manso que llega cuando dos personas están en el mismo lugar pero ya no en el mismo tiempo. No hubo portazos ni frases punzantes. Solo una mano que se soltaba despacio, al otro lado de una reja, como si el cuerpo entendiera antes que la voluntad. Hubo una pregunta. —Entonces, ¿te irás para siempre? La dije en voz alta. No como reproche ni como amenaza, sino como quien enciende la luz para no seguir caminando a oscuras. La dije porque necesitaba saber dónde estaba parada, porque apostar sin piso no es valentía es vértigo.  Él me miró. Dudó. Y dijo: —No sé. Ese no sé fue lo que dolió. No la negativa. No el límite. La duda. Ese lugar i...