Elegir el paso
Amor,
permíteme caminar contigo.
No para llegar.
No para salvarnos.
Solo para avanzar
con los pies conscientes
sobre este suelo que no promete nada.
Dame la mano.
Mírame de frente.
No sabemos qué vendrá
ni qué tan cruel puede ser el mañana,
pero todavía podemos hacer algo sencillo
y radical:
escogernos.
Escogernos sin épica.
Sin garantías.
Mientras me miras
y te sostengo la mirada.
Mientras me piensas
con esa atención breve
que no pretende poseerme.
Mientras me besas
Despacio, sin prisa.
En la calma del beso con los ojos cerrados.
Mientras me abrazas en las mañanas,
cuando el cuerpo aún no decide si quedarse.
Mientras toco tus uñas en las tardes,
como si fueran una prueba mínima
de que el día tuvo sentido.
Mientras tomo tu muñeca en las noches,
Para comprobar que respiras
en el mismo tiempo que yo.
Elegir caminar a mi lado
no es prometer eternidad.
Eso sería una mentira.
La gran mentira.
Pero sí es —y aquí no exagero—
una promesa de posibilidad.
La posibilidad de un futuro
que no se anuncia,
que no se impone,
que apenas se insinúa
en el gesto de seguir.
Disfrutar el camino
o padecerlo.
Equivocarnos.
Dudar.
Pero hacerlo tomados de la mano.
Mientras me miras.
Mientras te miro.
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