Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2020

¡Lo conozco todo!

Un borracho gritaba en la mesa de un bar: ¡lo conozco todo! Antes de que el alcohol se le subiera por completo a la cabeza, parecía un hombre solidario, fuerte, inteligente, que incluso se conservaba en buena forma. La gente del pueblo sabía qué hacía las veces de instructor deportivo en pueblos aledaños. No se lograba entender cómo funcionaba la vida de este personaje que gritaba en las mesas acerca de sus viajes y sus proezas por lo menos 4 de los 7 días de la semana. En las noches, se le veía alejarse por las esquinas, mientras luchaba por no caerse. Para muchos, era un ser despreciable que no hacía más que alardear y pavonearse con todo aquello que había hecho y conocido en la vida; para otros, era simplemente un gran mentiroso. Para unos pocos, era un hombre con grandes historias. Al llegar a las tiendas, se acercaba tranquilamente a la barra y empezaba con una primera cerveza. Pero a los 5 minutos ya se había tomado 4 más y, en la siguiente hora, por lo menos 30. Entonces e...

Algo sin resolver

Hay algo que se me ha quedado sin resolver, eso debe ser la causa de la ansiedad y la sensación, al mirar por la ventana del hotel, de que los días pasan sin ningún sentido. Mirando las calles, llenas de transeúntes frente al hotel, recuerda el momento cuando en medio del afán el chocolate se riega sobre la llama de la estufa apagándola. Toma la olleta y sirve la bebida caliente, camina, por el pasillo.  Entonces, el pito del taxi, le informa que ha llegado el momento de salir. Ella baja la escalera regando un poco del chocolate que llevaba en la mano. Sale, cierra la puerta asegurándose que quede bien cerrada. Es algo importante cuando se va estar por fuera de casa más de una semana. Sube al taxi, y, es en ese momento, cuando empieza a sentir que algo malo va ocurrir, que hay algo fundamental que está dejando pasar y que el viaje va a perder sentido por completo … Fue en ese preciso momento. Al tercer día de viaje, esta sensación se vuelve incontrolable, no ha podido c...

Pedo... empero.

Se pueden tomar varias malas decisiones en la vida, las justificamos, las decoramos, nos acostumbramos para hacerlas llevaderas, pero, al fin de cuentas son malas decisiones. Terminé mi bachillerato en el año 2003 y pude haber escogido para estudiar como carrera lo que quisiera: culinaria, medicina, electricidad. Pero en cambio yo quería estudiar artes plásticas. Mi mamá en un ataque de histeria me preguntó ¡¿Cómo pensaba vivir de las artes plásticas?! Entonces, para no llevarle la contraria me metí a estudiar Filosofía, creo que cuando esto pasó ni ella ni yo sabíamos muy bien qué era la filosofía, ni para qué servía. Como ella no tenía idea de qué era eso, no pudo seguir discutiendo, y como no me gritó más yo supuse que había tomado una buena decisión. Ahora, después de 16 años puedo reconocer que tomé una mala decisión; pero sigo sin saber qué es y para qué sirve la filosofía. Aun no entiendo cómo hice para terminar, parece ser que los milagros existen y esta es la demostra...

Ella es Maritza.

Yo no sé por qué usted me cae bien —fue lo primero que me dijo—. Si yo normalmente soy rabona; una trata que no, pero con estas creídas de mierda a una se le sale. Lo dijo así, sin filtro, sin miedo. Con esa certeza de quien ha vivido tanto que ya no le teme al rechazo. Fue lo primero que escuché de ella el día que nos conocimos. Yo apenas entraba al hogar donde viven mujeres que han pasado la vida entera en la calle. Iba allí por trabajo; ella estaba allí por el destino. —¿Le puedo dar un abrazo? —me preguntó. Yo asentí, aunque mi estómago gritó que no cuando vi ese pelo lacio, pegado por la grasa, acercarse a mi cara. A veces la empatía es muy fácil de decir y muy difícil de sostener cuando tiene olor, color a calle polvorienta y nombre propio.  Maritza no era lo que yo esperaba. No consumía drogas. No bebía. Solo había vivido en la calle desde los siete años. —La gente cree que todas las que estamos afuera somos iguales —me dijo—. Yo solo tuve mala suerte desde muy chiquita. A l...

Cerebro de gallina

Los seres humanos tendemos a querer entender la realidad explicada desde lo que somos, si vemos un perro en la calle, reducimos su existencia a la lástima o la tristeza. Decimos cosas como: pobre perro, no tienen la culpa de nada, por qué debe aguantar hambre o vivir en la calle. Lejos está la mirada crítica de darnos cuenta de que juzgamos esa realidad desde nuestros temores, nuestros miedos. Desde el propio temor humano a tener hambre, frío o estar solo. En realidad, un perro en la calle, aunque tenga hambre. Tal vez sea un perro feliz, tranquilo, sin límites, ni reglas, ni reclamos. Claro, esto es algo que seguramente la humanidad no podrá comprobar nunca. Porque sin importar quién o de qué manera realicé el estudio del comportamiento animal, lo hace desde su humanidad, esto es algo de lo que no se puede separar, no se puede dejar de ser humano para investigar. Es común que adjudiquemos a los animales sentimientos de desamparo debido a la empatía humana. Pocas veces, comparamos ...