Minicuento en 38 años

​Subió en Venecia; llegamos hasta la Universidad Nacional. Venía oliendo a inseguridad y a diecisiete años, sosteniendo su corazón en la mano. Me suplicó: ¡Sálvame, enfermera!

​Yo, que creía en la fe católica, me volví científica para encontrar su cura, entregándole la llave para su dolor

​Viajamos entre trancones, peleas por un puesto y abrazos contra el mundo.

​A los treinta y ocho años, tomó  otra mano, sin soltar la mía. Al bajarse, sobre su asiento, la llave oxidada. 

Sosteniendo en sus manos me entregó algo...

Era mi propio corazón ensangrentado..

Comentarios

Entradas populares