Hombres de alto valor

Últimamente, la psicología de Instagram y TikTok nos ha escupido una nueva religión: la de ser "hombres y mujeres de alto valor". Como si fuéramos un lote en preventa en la sabana de Bogotá esperando valorizarse antes de que alguien siquiera ponga el primer ladrillo.

El problema es que han sustentado ese supuesto estatus en una feminidad y una masculinidad que, aunque juran ser disruptivas, son un nudo de contradicciones digno de un Congreso en pleno debate para una reforma. 

Nos venden manuales de etiqueta emocional que parecen sacados de una novela victoriana, pero con filtros de instagram y reguetón sabrocito para que el absurdo no se note tanto.

Para mí, el valor no es un precio de mercado ni un algoritmo de redes sociales. El valor es algo mucho más escaso, casi un milagro en estas tierras: La coherencia. Esa extraña y olvidada práctica de pensar, decir y actuar en consecuencia. Punto. 

Encontrar a alguien que sostenga lo que dice con lo que hace es, hoy, un hallazgo de valor incalculable; casi como encontrar una calle sin huecos en Bogotá o que la cita de la EPS se la den a uno para el día siguiente. 
 
Pero no. Las recomendaciones modernas para ser un "hombre de alto valor" se basan en el repliegue estratégico: que ellas te busquen, que ellas tengan la iniciativa, que ellas te demuestren que eres el último tinto caliente en el Páramo de Sumapaz.

Lo dramático de la situación es que las mujeres están sentadas en la otra orilla esperando exactamente lo mismo de ellos. Y así, las relaciones entre "seres de alto valor" no se mueven hacia ningún lado. Están demasiado ocupados brillando como vitrina de centro comercial en época decembrina, esperando que alguien los compre sin que ellos tengan que bajar de la estantería.

Los hombres, en su accidentada y confusa "deconstrucción", han mutado hacia una tibieza insípida. Se volvieron poco decididos, mediocres relacionalmente, casi un espejismo. Se ve, pero no es real; ya no le apuestan a nada por miedo, ellos dicen que no quieren ser invasivos yo creo que es pura pereza emocional o miedo disfrazado de "respeto al espacio". 

Es esa masculinidad que lanza la frase profunda sobre la responsabilidad emocional, pero que a la hora de la verdad prefiere esconderse detrás de un sticker de WhatsApp.  

Aparece entonces el adulto en crisis de adolescente, ese que tiene el discurso perfecto de "querer algo serio", pero cuya acción está frenada por una herida anterior que todavía supura. Dicen que buscan lealtad, pero lo que realmente tienen es un pánico atroz a volver a apostar y perder. Se escudan en el cinismo de "no creer en la humanidad" para no tener que arriesgar ni un milímetro de su comodidad. Quieren el banquete, pero no están dispuestos a ayudar a poner la mesa, no sea que el compromiso los atrape.

En esa dinámica, la iniciativa se vuelve un artículo de lujo. Las aplicaciones se llenan de personas queriendo querer, pero con una flojera crónica para mover un dedo. Las conversaciones eternas de WhatsApp han reemplazado el sudor y la tembladera de los encuentros reales. Es el refugio perfecto: puedo ser "profundo" por chat mientras sigo a salvo en mi cama, metido en las cobijas, con el control en la mano, sin que nadie vea que el discurso de "hombre de alto valor" se desmorona cuando hay que concretar un café un martes por la tarde.

No se trata de salir a buscar por buscar, como quien va a comprar cualquier cosa en un San Andresito. Se trata de ser coherentes. Si de verdad tienes ganas de ver a una persona, ten la decencia de decirlo y actúa en consecuencia. 

¡Sé coherente!

Si se gustan, disfrútenlo sin pretender grandes amores de novela de las ocho de la noche ni relaciones adolescentes que duren hasta el próximo censo. 

Encontrar el justo medio, ese espacio donde la palabra y la acción se dan la mano sin pedirle permiso al ego ni al miedo, creo que podría ser la respuesta.

Creo... Pero la verdad es que no sé.  No me hagan mucho caso. Yo solo hablo de lo que veo desde mi propia orilla de la soltería. 

Como sigo sola, tal vez lo más inteligente que pueden hacer es ignorar está entrada y seguir esperando sentaditos a que el algoritmo les traiga el amor a domicilio con envío gratis, como paquete de Temu, y sin que les toque abrir la puerta 😅😂🤣. 

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