La afortunada
Soy muy afortunada: tengo a mi lado a un hombre que me llevó al feminismo. Secundario es que me haya vuelto feminista debido al profundo dolor que me causó su infidelidad. En este momento, puedo, como una vieja sabia, decirle a mis nietos que no eviten el sufrimiento, que lo vivan, porque incluso desde allí pueden salir cosas increíbles.
También les puedo enseñar que el amor del que nos hablan en las novelas y en las películas es maravilloso, es mágico, pero muchas veces ese amor es solo deseo. Y los humanos confundimos eso. Solo lo aprendemos luego, cuando amamos de verdad; cuando nos hacemos conscientes de que las mariposas desaparecen del estómago y se desplazan a las calmas del pecho. Pero luego pueden aparecer muchas personas que te hagan sentir mariposas en el estómago, y a veces vibra su aleteo más abajo.
De eso se trata. No hay más.
En ese momento te das cuenta de que mil veces, en la adolescencia, confundimos una cosa con la otra. Solo en ese momento nos damos cuenta.
También comprendemos que es tan compleja la manera de sentir de los simples humanos, que podemos amar, querer y desear al mismo tiempo a personas diferentes, y que es normal y más común de lo que nos imaginamos. Ahí la magia de la vida cobra sentido: nos damos cuenta de que no debemos castigarnos por nuestras emociones, que la vida se trata de sentir, amar y gozar… y que lo único malo es ser estúpidos y condenarnos por ello.
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