Un año después

 Y pasó un año.

Después de todo, la famosa frase “de amor nadie se muere” empieza a tener sentido real, no como consuelo barato sino como constatación empírica. ¡Sobreviví!

Han sido 365 días aprendiendo a vivir distinto.
365 días ensayando la vida sola, aunque a ratos acompañada —a veces con buena compañía, otras con la que toca. A veces con paz mental y otras con tormenta interna. Con la certeza de que lo anterior era lo que no estaba bien, pero con la incertidumbre de qué carajos hacer ahora.

Los primeros días eran pura supervivencia. Comer era un acto de fe: cada bocado venía con la pregunta ansiosa de “¿cuándo se acaba esta sensación horrible?”. Me obligaba a tragar porque, dicen, hay que seguir viva aunque duela. Hoy, doce meses después, entiendo que los tiempos de duelo son tan personales como las cicatrices. Que no hay recetas. Que cuando una de verdad suelta lo que le hacía daño, las cosas empiezan a fluir.

En este año conocí gente, me inventé planes, bailé canciones nuevas y lloré con otras. Escribí sin pudor y también guardé textos en el cajón oscuro de lo que no merece ver la luz. La vida nueva, aunque chiquita y tambaleante, ya empieza a gatear. Es una vida que huele a sol, a ternura y a días dulces que antes parecían imposibles.

La tusa fue todo lo que prometen los clichés y más: parálisis mezclada con ganas de huir. Pero también fue un campo fértil. Entre el caos, crecieron semillas que no sabía que tenía.

Y, de pronto, en el horizonte aparece algo que creí perdido: la posibilidad de volver a sentir sin dolor, sin reclamo, sin ruido. Sentir desde la alegría simple que despierta un mensaje breve; la calma inesperada de un almuerzo con conversación interesante; la emoción limpia de admirar lo desconocido sin prisa. Esa conversación pausada que no necesita ser devorada en un minuto porque cada minuto hace que quieras quedarte.

Un año después, no hay fuegos artificiales ni épicas revelaciones. Hay algo mejor: aire. Respiro sin miedo. Vivo sin manual. Me sorprendo con la esperanza, esa intrusa que regresa cuando menos lo esperas.

No, de amor nadie se muere.
Se renace. Un poquito cada día.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Manual tácito para superar una tusa

No empezar también es decidir.

¿Está bien descualquierarse?