Coincidencias y panales
Besos con sabor a cerveza rubia, pizza y emoción. Así empezó. Con la sencillez de lo inevitable, con ese gusto tibio y salado que deja el deseo cuando se disfraza de casualidad. Porque, seamos honestos, no fue una casualidad. Nos pusimos la cita con la misma inocencia con que uno prende una vela en una gasolinera: sabiendo que iba a arder. Después de tantas horas de conversación por WhatsApp, era evidente que ya tocaba verse... y probablemente besarse. Nadie lo habría planeado, pero todo estaba escrito con la torpeza exacta de las cosas que el universo urde cuando se aburre. Ojos grandes, sonrisa amplia, mirada distraída. Y esa mente inquieta, que piensa en nombres de figuras geométricas, que arma conjuntos, intersecciones y coincidencias. Somos una intersección, dijiste. Con esa voz de quien no pretende seducir pero lo hace igual. Y a mí, que no me gustan las matemáticas, me dieron ganas de aprender todas las fórmulas solo para entender cómo dos líneas que no se buscaban podía...