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CONDENADO A MUERTE

Era la primera vez que lo condenaba  a muerte. No entendía por qué, no conocía los hechos. Yo solo estaba allí, esperando verlo y despedirme. Las paredes eran completamente blancas, de baldosín brillante. Entre un espacio y otro, había una ventana grande de vidrio transparente. Se podía ver todo lo que pasaba en el cuarto contiguo.   Me acerqué a varias enfermeras y les pregunté:  -         Vengo por el caso de Juan R. ¿saben dónde puedo verlo? -      Sí claro, su ejecución está programada a las 10:30 a.m. Son justo las 10, si se apresura, tal vez, alcance a encontrarlo vivo para despedirse.   30 minutos era muy poco. Caminé entre los pasillos, miraba por las ventanas y en cada habitación veía personas pero en ninguna estaba él o alguien conocido.  Al fondo otro cubículo blanco, lleno de enfermeras. Todas vestidas de blanco de la cabeza a los pies.  -       ...

POR TUS OJOS

-            ¿Cómo me reconociste? -           Por tus ojos   Luego de no versen ni hablar por más de 5 años, ella encontró su número de teléfono escrito en una esquina de papel roto, que había guardado en el bolsillo de una chaqueta con las siglas TR. La manera como estaba conservado el pedazo de papel y el lugar donde lo había guardado parecía haber sido puesto con toda la intensión de olvidarlo y encontrarlo tiempo después.   No era mentira, en realidad no tenía ni idea a quién pertenecía el número. Pero presentía que si lo había conservado en el bolsillo de esa chaqueta, olvidada en el armario, era por que la Mónica del pasado le estaba dejando una señal.   -           ¡Llama! Era la orden imperativa.   Tomó el celular, pero prefirió no marcar. Una de las cosas que menos le gustaba hacer era hablar por teléfono. Se sentía ridí...

El sonido en la ventana.

SSS... SSSSSSSSS... El ruido en la ventana. SSSS el sonido empezó a impacientarme. ¿Qué era lo que sonaba? Parecía el sonido de corriente, tal vez un cable suelto. Seguramente algo estaba haciendo corto. El desespero y la curiosidad me hizo parar de la cama a ver qué era... pero, no veía nada. Desperté a mi compañero.  - Hay un sonido exasperante ¿no lo escuchas?, no he podido dormir en toda la noche. Hay algo en la ventana que golpea y hace ruido, parece corriente.  Él se paró y miró. - No veo nada. pero, recuerdo haber escuchado este mismo sonido en la tarde.  ¿Cómo? ¿ya lo había escuchado y no hizo nada? ¿Cómo es posible?  Yo llevaba cinco horas despierta tratando de descubrir qué era ese sonido tan irritante. Empecé a mover las cortinas agitadamente. Detrás salió, moribunda, una polilla. Grande, gruesa, café. Con las fuerzas que le quedaban, luego de haber golpeado la ventana por más de 7 horas voló y como si lo hubiera planeado calló en la papelera.  Ya más...

La virginidad de las madres.

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A propósito de la reciente navidad y las respectivas tomatas decembrinas (una costumbre muy colombiana) he pensado acerca de la castidad de las madres, y pues tengo noticias queridas y queridos lectores. Con más alegría que pena tengo que contarles que la última generación de madres virginales son en este momento las abuelas de adolescentes.  Es decir, aquellas madres que luego de tener hijos desplegaban su abnegación y entrega total, están en vía de extinción. Digo que más que preocuparme me alegra porque considero que esas madres que lo entregaron todo en nombre de la maternidad: Su individualidad, su personalidad, su tiempo, que se sacaron el pan de la boca para entregarlo a sus hijos e hijas terminan gestando seres humanos llenos de miedos, cargos de conciencia y culpas, esto lo digo con pleno conocimiento de causa, pues... Soy hija de una mujer de esa generación. A diario le agradezco los cuidados que tuvo para mi y mis hermanos. Pero, también a diario recuerdo los miedos, los...

Ahora que soy mamá

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  Hoy recordé a mi mamá cuando yo era pequeña. Yo tenía 9 años y una presentación en el colegio, iba a bailar con otras dos compañeras. Para la presentación tenía que llevar unas baletas de cuero... o bueno, un material parecido. Ella le encargó las baletas a mi papá, pero no tuvo en cuenta que era viernes (él era el chico de los viernes) … esa noche no llegó a la casa. Ella sabía que sin las baletas yo tendría que subir al escenario descalza, entonces, cogió un pedazo de plástico, visualmente muy parecido al cuero, y empezó a coser a mano, porque la máquina de coser estaba dañada, y así estuvo por muchos años. Ella no tenía ni idea cómo hacer zapatos, no sabía cómo iba a terminar la idea de hacer unas baletas. Pero era la única opción... ya eran las 12:00 de la madrugada y mi papá no había traído el encargo.  Mi mamá cosía en la cama donde yo estaba durmiendo, cada vez que yo entreabría los ojos la veía cosiendo lo que empezaba a parecer unos zapatones. En medio de mis su...

¡Lo conozco todo!

Un borracho gritaba en la mesa de un bar: ¡lo conozco todo! Antes de que el alcohol se le subiera por completo a la cabeza, parecía un hombre solidario, fuerte, inteligente, que incluso se conservaba en buena forma. La gente del pueblo sabía qué hacía las veces de instructor deportivo en pueblos aledaños. No se lograba entender cómo funcionaba la vida de este personaje que gritaba en las mesas acerca de sus viajes y sus proezas por lo menos 4 de los 7 días de la semana. En las noches, se le veía alejarse por las esquinas, mientras luchaba por no caerse. Para muchos, era un ser despreciable que no hacía más que alardear y pavonearse con todo aquello que había hecho y conocido en la vida; para otros, era simplemente un gran mentiroso. Para unos pocos, era un hombre con grandes historias. Al llegar a las tiendas, se acercaba tranquilamente a la barra y empezaba con una primera cerveza. Pero a los 5 minutos ya se había tomado 4 más y, en la siguiente hora, por lo menos 30. Entonces e...

Algo sin resolver

Hay algo que se me ha quedado sin resolver, eso debe ser la causa de la ansiedad y la sensación, al mirar por la ventana del hotel, de que los días pasan sin ningún sentido. Mirando las calles, llenas de transeúntes frente al hotel, recuerda el momento cuando en medio del afán el chocolate se riega sobre la llama de la estufa apagándola. Toma la olleta y sirve la bebida caliente, camina, por el pasillo.  Entonces, el pito del taxi, le informa que ha llegado el momento de salir. Ella baja la escalera regando un poco del chocolate que llevaba en la mano. Sale, cierra la puerta asegurándose que quede bien cerrada. Es algo importante cuando se va estar por fuera de casa más de una semana. Sube al taxi, y, es en ese momento, cuando empieza a sentir que algo malo va ocurrir, que hay algo fundamental que está dejando pasar y que el viaje va a perder sentido por completo … Fue en ese preciso momento. Al tercer día de viaje, esta sensación se vuelve incontrolable, no ha podido c...

Pedo... empero.

Se pueden tomar varias malas decisiones en la vida, las justificamos, las decoramos, nos acostumbramos para hacerlas llevaderas, pero, al fin de cuentas son malas decisiones. Terminé mi bachillerato en el año 2003 y pude haber escogido para estudiar como carrera lo que quisiera: culinaria, medicina, electricidad. Pero en cambio yo quería estudiar artes plásticas. Mi mamá en un ataque de histeria me preguntó ¡¿Cómo pensaba vivir de las artes plásticas?! Entonces, para no llevarle la contraria me metí a estudiar Filosofía, creo que cuando esto pasó ni ella ni yo sabíamos muy bien qué era la filosofía, ni para qué servía. Como ella no tenía idea de qué era eso, no pudo seguir discutiendo, y como no me gritó más yo supuse que había tomado una buena decisión. Ahora, después de 16 años puedo reconocer que tomé una mala decisión; pero sigo sin saber qué es y para qué sirve la filosofía. Aun no entiendo cómo hice para terminar, parece ser que los milagros existen y esta es la demostra...

Ella es Maritza.

Yo no sé por qué usted me cae bien —fue lo primero que me dijo—. Si yo normalmente soy rabona; una trata que no, pero con estas creídas de mierda a una se le sale. Lo dijo así, sin filtro, sin miedo. Con esa certeza de quien ha vivido tanto que ya no le teme al rechazo. Fue lo primero que escuché de ella el día que nos conocimos. Yo apenas entraba al hogar donde viven mujeres que han pasado la vida entera en la calle. Iba allí por trabajo; ella estaba allí por el destino. —¿Le puedo dar un abrazo? —me preguntó. Yo asentí, aunque mi estómago gritó que no cuando vi ese pelo lacio, pegado por la grasa, acercarse a mi cara. A veces la empatía es muy fácil de decir y muy difícil de sostener cuando tiene olor, color a calle polvorienta y nombre propio.  Maritza no era lo que yo esperaba. No consumía drogas. No bebía. Solo había vivido en la calle desde los siete años. —La gente cree que todas las que estamos afuera somos iguales —me dijo—. Yo solo tuve mala suerte desde muy chiquita. A l...

Cerebro de gallina

Los seres humanos tendemos a querer entender la realidad explicada desde lo que somos, si vemos un perro en la calle, reducimos su existencia a la lástima o la tristeza. Decimos cosas como: pobre perro, no tienen la culpa de nada, por qué debe aguantar hambre o vivir en la calle. Lejos está la mirada crítica de darnos cuenta de que juzgamos esa realidad desde nuestros temores, nuestros miedos. Desde el propio temor humano a tener hambre, frío o estar solo. En realidad, un perro en la calle, aunque tenga hambre. Tal vez sea un perro feliz, tranquilo, sin límites, ni reglas, ni reclamos. Claro, esto es algo que seguramente la humanidad no podrá comprobar nunca. Porque sin importar quién o de qué manera realicé el estudio del comportamiento animal, lo hace desde su humanidad, esto es algo de lo que no se puede separar, no se puede dejar de ser humano para investigar. Es común que adjudiquemos a los animales sentimientos de desamparo debido a la empatía humana. Pocas veces, comparamos ...